Velo de la Virgen María
Certificado en 1723
Una muestra del velo que se venera en la basílica de Santa Anastasia al Palatino, en Roma. La trama y los colores son de origen oriental.
La Capilla · 1926 - 2026
La historia de esta capilla es la historia de un barrio que aprendió a rezar junto a ella. Un siglo de oración ininterrumpida en el mismo lugar.

Todo comenzó con ella. Sor Camila sintió la necesidad de crear en Buenos Aires una casa que, además de servir a los más pobres, hospedara a las Hermanas de su Congregación. Así nació el Asilo Monseñor Aneiros de San José, que abrió sus puertas el 4 de abril de 1894 en el barrio de Santa Lucía, primera casa de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José en la Capital, destinada a niñas pobres. Llevaba el nombre de Monseñor León Federico Aneiros, el arzobispo que bendijo su Regla y protegió la obra desde el principio.
En 1916, una hermana de la Congregación del Perpetuo Socorro pidió a Doña Ángela Ruiz de Crespo —devota del Señor de la Buena Esperanza— el cuadro que veneraba en su casa de Montevideo. El virtuoso Padre Loyódice, de la Congregación del Santísimo Redentor, trajo la imagen a Buenos Aires. Así empezó a germinar la devoción que daría nombre a nuestra Capilla.
El 1º de septiembre de 1921 las Hermanas se trasladaron a la casa de la calle Canalejas 2539 —hoy Felipe Vallese—, cedida gratuitamente por Doña María Jáuregui de Pradère para una obra de niñas pobres. Movida por una piedad nunca desmentida, esa misma señora resolvió convertir la capilla del asilo en un templo digno del Señor de la Buena Esperanza: el 9 de enero de 1924 se colocó la piedra fundamental y el 4 de julio de 1926 el templo fue bendecido solemnemente. Desde aquel día nunca se dejó de rezar en este lugar. En 1948, la imagen de Jesús de la Buena Esperanza fue coronada.
Con el tiempo, el asilo se transformó en escuela: en 1958 se creó la Escuela Primaria y en 1969, a pedido de los padres de las alumnas, la Secundaria. La Capilla pasó a ser el corazón espiritual del Colegio Monseñor Aneiros de San José. Las mismas paredes que cobijaron a las niñas del asilo comenzaron a recibir generaciones de alumnos, familias y docentes que hicieron de este lugar su casa.
En 2005, a pedido de la Congregación, la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (Fasta) asumió el proyecto educativo del colegio y la vida pastoral de la Capilla, heredando la labor que antes realizaban las Hermanas. Con ella llegó la espiritualidad dominicana, los jóvenes de Ruca Nehuén, los oratorios y una vida sacramental que ya no cabe entre las paredes del templo: se desborda hacia el barrio.
En los últimos años la comunidad encaró la restauración del templo y del camarín, la puesta en valor del altar y de la imagen, nuestra iluminación, sonido y accesibilidad. Todo fue sostenido por el aporte silencioso de familias que quisieron dejar la casa lista para los próximos cien años.
Nuestra espiritualidad es dominicana. De Santo Domingo de Guzmán, de Santo Tomás de Aquino y de Santa Catalina de Siena heredamos el amor a la verdad, la vida contemplativa que se vuelve anuncio, la devoción al Rosario y la fraternidad como forma de vida: contemplar y dar a los demás lo contemplado. Eucaristía, Palabra, estudio y servicio, sostenidos por la devoción a Jesús de la Buena Esperanza.

"Vengan a ver dónde vivo." Te invitamos a conocer la Capilla.
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Familias acompañadasSacerdotes que nos acompañaron
Desde la llegada de Fasta, estos presbíteros fueron poniendo su vida al servicio de nuestra comunidad y de Jesús de la Buena Esperanza.

2005 - 2009
2019 - 2023

2009 - 2019

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2026 - Actualidad
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Los hitos que fueron dando forma a esta comunidad.

El 4 de abril de 1894, Sor Camila de San José Rolón abre en el barrio de Santa Lucía el Asilo Monseñor Aneiros de San José, primera casa de la Congregación de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José en la Capital, destinada a niñas pobres.

Doña Ángela Ruiz de Crespo, devota del Señor de la Buena Esperanza, dona el cuadro que veneraba en su casa de Montevideo. El Padre Loyódice, de la Congregación del Santísimo Redentor, trae la imagen a Buenos Aires.

El 1º de septiembre de 1921 las Hermanas se trasladan a la casa de la calle Canalejas 2539 —hoy Felipe Vallese—, cedida gratuitamente por Doña María Jáuregui de Pradère para una obra dedicada a niñas pobres.

María Jáuregui de Pradère resuelve convertir la capilla del asilo en un templo digno del Señor de la Buena Esperanza. El 9 de enero de 1924 se coloca la piedra fundamental y el 4 de julio de 1926 el templo es bendecido solemnemente.

La imagen de Jesús de la Buena Esperanza es coronada, en un hito de la devoción que ya convocaba a familias de todo el barrio y de la ciudad.

En 1958 se crea la Escuela Primaria y en 1969, a pedido de los padres de las alumnas, la Escuela Secundaria. La Capilla pasa a ser el corazón espiritual de una comunidad educativa en crecimiento.

A pedido de la Congregación, la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (Fasta) asume el proyecto educativo del Colegio Monseñor Aneiros de San José y la vida pastoral de la Capilla, heredando la labor que antes realizaban las Hermanas.

Ruca Nehuén, los oratorios de niños y los campamentos llenan la Capilla de jóvenes: la fe se vuelve servicio concreto en el barrio.

Restauración del templo y del camarín, puesta en valor del altar y de la imagen, nueva iluminación, sonido y accesibilidad, sostenidos por el aporte de las familias.

Cien años de oración ininterrumpida en el mismo lugar. Un año de festejos, memoria y gratitud, con la comunidad entera convocada a celebrar.
Reliquias
Nuestra Capilla es un Santuario: en su relicario se conservan reliquias del velo de la Virgen María, del manto de San José y una piedra del Santo Sepulcro, junto a las de varios santos.
Una reliquia es un resto del cuerpo de un santo o un objeto que estuvo en contacto con él. La Iglesia distingue tres grados: de primer grado, partes del cuerpo del santo; de segundo grado, objetos que usó (ropa, libros, instrumentos); y de tercer grado, telas u objetos que tocaron una reliquia de primer grado. No son amuletos ni tienen poder propio: son signos que nos recuerdan que la santidad se vivió en personas concretas y nos animan a pedir su intercesión ante Dios.
Certificado en 1723
Una muestra del velo que se venera en la basílica de Santa Anastasia al Palatino, en Roma. La trama y los colores son de origen oriental.
Certificado en 1723
Considerada la reliquia más importante del Santo Patriarca que se conserva hoy: parte de la túnica con la que, según la tradición, cubrió y protegió a la Sagrada Familia en sus viajes.
Certificado propio
Un fragmento procedente del sepulcro de Jerusalén, allí donde el Señor fue puesto y de donde resucitó. Signo silencioso de nuestra esperanza.
También se veneran
Tocá cada nombre para conocer brevemente su historia.
El registro de una búsqueda
Dejamos aquí constancia de la investigación que hicimos en el año del Centenario, para que quede registro para las próximas generaciones.



Todo empezó con un pedido sencillo: Gabriel, joven de nuestra comunidad y encargado de pastoral de una institución de educación privada, preguntó si podía llevar a su colegio, para ser veneradas en una jornada escolar, unas reliquias de la Virgen, de San José y del Santo Sepulcro que están en nuestra capilla de Flores. Sabíamos que existían, pero no teníamos precisión histórica alguna. Y una capilla que cumple 100 años y es Santuario merecía una respuesta.
Al abrir el relicario aparecieron dos certificados. El primero, del año 1723, firmado por Monseñor Sylvestro Stana, obispo italiano, afirma que las reliquias son del velo de la Virgen María y del manto de San José, y describe el relicario con detalle: color, forma, material. El segundo certifica una piedra del Santo Sepulcro.
El único lugar del mundo donde se custodian y veneran juntos el velo de la Virgen y el manto de San José es la basílica de Santa Anastasia al Palatino, una de las iglesias más antiguas de Roma. Según la tradición, las reliquias llegaron allí a fines del siglo III o comienzos del IV, traídas desde Tierra Santa por San Jerónimo, que vivió en Belén traduciendo la Vulgata y celebraba Misa en esa iglesia durante sus estadías en Roma.
"Cuando llegó el mensaje y vi que la procedencia era Roma, dije: yo estoy en Roma, así que tengo que poder hacer algo. La iglesia estaba a 300 metros de mi hospedaje. Y claro: era mi hospedaje. Yo estaba cerca de las reliquias porque me hospedé en el monasterio de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José. Ahí estaba la clave: nuestras abuelitas fundadoras."
En Santa Anastasia una señora de la comunidad le compartió las fotos del relicario mayor: de allí provienen nuestras pequeñas muestras. Las hermanas confirmaron la relación. No sabemos si fue la Madre Camila u otra hermana, pero tenemos la certeza de que llegaron a Buenos Aires gracias a esa Congregación, la misma que fundó nuestra casa.
Quizás la Providencia dispuso que en este Centenario estas reliquias vuelvan a ser veneradas junto a las demás que honran nuestra comunidad. Y nos dejó una tarea: rezar por la intercesión de la Madre Camila, descrita como santa por el mártir San Maximiliano Kolbe, con quien se escribió cartas.
Para venerar las reliquias o conocer su historia, acercate antes o después de la misa: siempre hay alguien de la comunidad para acompañarte.