La esperanza nace de la cruz
“Mirá la cruz, mirá al Cristo crucificado y de allí te llegará la esperanza que ya no desaparece, esa que dura hasta la vida eterna.” (Papa Francisco)
Nuestro nombre
La devoción que nos da nombre nació hace casi cuatro siglos en la portería del templo de San Agustín, en Quito, Ecuador. Desde entonces miles de fieles se postran ante esa mirada dulce y piadosa para dejar allí sus angustias.

La imagen fue colocada en la portería del convento agustino de Quito, el lugar por donde entraban y salían los pobres, los peregrinos y quienes venían a pedir ayuda. Nadie pasaba sin cruzarse con esa mirada. Con el tiempo, los fieles empezaron a dejar allí sus promesas y sus agradecimientos.
Entre los obsequios que recibió la imagen llamaron la atención unas sandalias de oro que una piadosa señora había calzado en sus pies. Y en esa historia aparece Gabriel, un hombre deudor que, desesperado, fue a buscar paz en la mirada de Jesús.
“La paz que surge de la fe es un don: es la gracia de experimentar que Dios nos ama y que está siempre a nuestro lado, no nos deja solos ni siquiera un momento de nuestra vida.”Papa Francisco
No sabemos si Gabriel ya había recorrido otros caminos o probado otras soluciones. Lo que sí sabemos es que hizo algo bien: recurrió al Señor. ¿A quién recurrimos nosotros cuando tenemos un problema? ¿Cuántas veces buscamos respuestas en todo menos en Él? Gabriel lo entendió todo: supo rezar de verdad, supo dónde depositar su confianza y dónde dejar sus problemas.
Jesús le respondió entregándole su sandalia de oro para pagar la deuda. Y cuando nadie le creyó y volvió a “perderlo todo”, a punto de ser condenado, volvió a postrarse a sus pies, de corazón. Y Jesús volvió a responder, porque es Él quien nos dice: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá” (Mt 7,7). Una vez más, Jesús salva a un hombre y vence a la muerte.
Extraído del artículo “Jesús de la Buena Esperanza”, de Gabriel M. Acuña (Tolkian).
Qué nos enseña
“Mirá la cruz, mirá al Cristo crucificado y de allí te llegará la esperanza que ya no desaparece, esa que dura hasta la vida eterna.” (Papa Francisco)
“Yo soy la puerta. Si uno entra por mí, estará salvo” (Jn 10,9). La esperanza cristiana es la certeza de estar en camino hacia algo que ya se cumplió.
Aun en las circunstancias más adversas, y también a través de nuestros fracasos, vivimos “con la alegría de la esperanza” (Rm 12,12).
Video institucional
Un recorrido audiovisual por el origen de la devoción y por su presencia viva en nuestra Capilla de Flores.
Cantamos a Jesús
La canción que nos une como comunidad y nos recuerda que caminamos bajo su luz.
Himno JBE
Audio original de la comunidad
Oh Jesús de la Buena Esperanza
danos siempre tu luz al caminar,
te pedimos bendigas y protejas
a tus hijos que te vienen a honrar.
El Bautismo que nos hizo hermanos
y nos dió la virtud esencial
regalándonos fe y esperanza
nos invita a crecer en caridad.
Tu palabra que es fuente de vida
y alimenta el diario caminar
nos permita vivir como hermanos
solidarios y compartiendo el pan.
Nuestra Madre, la Virgen María,
hacia vos siempre nos llevará
invocamos su ayuda materna
para que nos alcance su paz.

Cuando las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José levantaron la capilla junto a su casa de Flores, entronizaron allí a Jesús de la Buena Esperanza. Desde los años 30 la imagen convocó a familias de todo el barrio: nacieron las novenas, la fiesta patronal y las primeras catequesis alrededor de esa mirada.
Hoy seguimos celebrando su fiesta cada año, con toda la comunidad —capilla, colegio, Ruca Nehuén y familias— reunida ante el mismo Cristo que espera en la puerta.
“¡Bienaventurado quien se refugia en el Señor!”